Notas de una caminante.

A mitad de año los pájaros cantan a media noche

 
 

Desde hace 3 años vengo escuchando pájaros vampiros que reservan sus diálogos para altas horas de la noche. Empiezan en primavera, finalizando abril, y se espantan cuando el frío asoma.

Podría ponerme a investigar sus especies, buscar láminas, identificar sonidos y dibujarlos. En mí sería lo más obvio. Sólo se que alguien más que conozco y vive en Playas de Tijuana los viene notando también con curiosidad. No son alucinaciones.

Seguro hay mil respuestas ambientales para esto. Especialistas del Colef saltarán a dar razones, nombres sofisticados de especies migratorias que por esta época se dan un vueltón y deciden venir a charlar en mi ventana. No lo sé, no me importa mucho.

Yo sólo atino a tomar mi celular, me voy al cuartico de atrás en donde lavo la ropa porque no tiene ventanas cerca a la calle y da justo a los árboles en los que parecen andar de fiesta mis plumíferos vecinos. A veces pongo el número de mi papá, que está en Colombia a dos horas de diferencia, pero como le gusta trasnochar, de pronto oye el mensaje ahí mismo; otras veces pongo el de mi mamá porque sé que le gustan los pájaros y, en contraposición a nosotros, seguro oirá el mensaje en la mañana y me responderá con un mensajito cariñoso y un emoji de corazón.

Podría ponerme muy nerd con esto, pero no, no quiero. Decido, en cambio, sólo notarlo y compartirlo con quienes están en mi casa tarde en la noche. Les invito a que me acompañen a espiar esas conversaciones encriptadas en silvidos y que recuerden conmigo que esto, como todas las cosas de la vida, se quedará un tiempo y también se irá.

 
 
Liliana Ospina