Una carta a mi yo del futuro y otros rituales.
Inicia junio, terminan los festejos. El 30 de mayo es, en mi calendario, la fecha más protagónica: mi cumpleaños.
Durante varios años las semanas previas se volvían drama puro. Querer celebrar, pero que otros se encargaran de todo y, de paso, me leyeran la mente para darle justo en el clavo. Sin decirles nada, claro. Sabotaje en forma.
Hace algún tiempo, después de diez años consecutivos en dos relaciones estables, me vi ante lo inminente: nadie iba a marearse con mis caprichos y, si yo decía que no quería celebrar, mis amistades me creerían. Ese año celebré, me hice cargo, me compré mi propio pastel y la pasé increíble. El único pendiente era el temita aquel llamado ansiedad, que tardó algunos años más en resolverse.
Una vez escuché a un señor llamado Francesc Miralles hablando de su investigación acerca de la longevidad en Japón. Una de las claves: celebrar con alegría tu cumpleaños. ¡Y sí! siempre lo he hecho, con un pastelito o con un fiestón, movida quizás por la emoción del baile y por la idea de juntar a mis amistades, quienes siempre han estado graneadas en mil espectros, todas distintas, todas excepcionales.
El tema por resolver en realidad era mío, dejar de ser la nena y madurar de una vez por todas. La Lilo adulta que brotaba el 31 de mayo, debía hablarle a la Lilo bebé que hacía su aparición estelar alrededor del 15 de mayo.
Lo hice, me escribí una carta al futuro aprovechando las bondades de la tecnología, y desde entonces no he dejado de hacerlo. Primera semana de junio, un balance, unas palabritas de amor, algunas reflexiones sobre lo que estaba observando a mi alrededor, y sobre todo, la invitación a dejar la manía y activarme a planear mi cumple en ese momento mismo.
Hoy me reconozco como alguien orgullosa de sus rituales. Prácticas que nadie me enseñó y que, como magia, me ayudan todos los años a cargar de sentido el paso del tiempo. En el Ikigai (filosofía japonesa que explora Miralles), el pilar de una buena vida es encontrarle propósito. Y bueno… qué mejor manera de empezar el año que viendo lo que eras, identificando lo que has logrado y sobre todo, agradeciendo por ello.