Notas de una caminante.

8:33 pm

 

Amiga, se me empaña la vista. No entiendo qué pasó. Iba manejando tranquila camino a la cena y de repente se me inundaron los ojos.

Lo quiero, es momento de reconocerlo.

Bueno, lo quiero desde hace rato, no es novedad para ninguna de las dos, pero no así. O sea, así como que se me mete un escalofrío caprichoso que sólo se me quita con su abrazo ¿sabes?

Pero dime tú, ¿qué tan despistada puedo estar para pensar que era inmune a esa compañía sin forma, bonita y rara que me ofrecía?

Hace unas semanas hice una negociación con mi corazón y este bendito rebelde no me cumplió. Se me sindicalizaron los afectos, montaron una militancia a mis espaldas y decidieron darle cabida a un amor que creí dominado. Como dice la canción esa que me gusta: "mi anhelo volvió a tomar su propia decisión independiente de la mía".

Esto parece un tren con vagones que van pa'distintos lados. Una autopista trazada por Escher. Un verso escrito por William Burroughs. Un rizoma que se expande sin mapa ni centro. Unas nubes trenzadas que señalan el camino a una parte en la que los dos estamos sentados, uno al lado del otro, imaginando mundos en los que esto es posible.

Amiga, ¿cómo es que voy a llegar yo a esa cena con la cara embadurnada de ilusión y de miedos? ¿Cómo se aprietan los lagrimales y se llora pa'dentro? ¿Dónde pongo yo este brillo y esta oscuridad que llamamos amor y que ahora me habita?

Dime que existe un antídoto, un guión, un menjurje, porque de esta ya no me salvé. Ahora me queda curarme.

 
 
Liliana Ospina