Lo veo. Lo creo.
"Pero tú no crees en esas cosas" me dijo.
Una afirmación bastante justa y coherente con cómo me presento: incrédula, racional. Confieso que los horóscopos los leo porque me divierte conversar con mis amistades al respecto, me encanta creer cuando me dicen que sí, que ese viaje se concretará o que x y yo somos compatibles. Quiero creer, me gusta jugar a creer, pero en el fondo pienso que es tan irreal como los duendes o los fantasmas. Figuras mitológicas fascinantes que hablan más de lo que aspiramos que de cómo funciona el mundo real. "Positivista" lo definió mi analista una vez. Llegué a googlear el término después de sesión y la verdad me siento bastante identificada.
¿Por qué me caló entonces que aquel chico me dijera algo que incluso yo misma sostengo?
De un tiempo para acá me he dado cuenta que tengo una fuerte renuencia a futurear. Aterrizar en el ahora es un arma que me protege de la intransigencia de esas cosas que nos enseñaron a aspirar y para las cuales parece que nunca somos suficientes. Tener el ojo en el presente es un arma que me salva todos los días del sistema, de mi deseo, de mí misma. Un arma que me mantiene serena y con aceptación, en un estado meditativo y resolutivo. Pero es un arma, al fin y al cabo, y toda arma tiene un lado filoso. Su filo lo conozco de cerca, me picó el corazón e hirió irremediablemente una de las relaciones de pareja más significativas que he tenido. Una relación que ansiaba un futuro romántico, empalagoso e irreal al que me resistí hasta el final.
No me arrepiento, sigo sin poder creer en un amor ilusorio que no coincide con lo que estoy viendo, sin duda en eso soy la misma… y a la vez hay algo que no me cuadra en aquel enunciado en el que la magia y la realidad se excluyen. ¿Será contradictorio aspirar a que ambas convivan?
¿Cómo es que una persona que se rehúsa al cinismo y lleva el amor como bandera cabe dentro de la definición de positivista? ¿Positivista significa calculadora, fría? ¿Es la capacidad de creer en narrativas fantásticas una virtud exclusiva de la gente noble?
No soy fría. No soy de piedra. Lloro a la más breve provocación.
Recojo los restos de las magnolias de mi barrio después de que se marchitan porque parecen alienígenas. Mi casa está llena de plantas porque estoy segura de que convivir con la vida me hace bien.
Tengo una fe enorme en el poder del amor. La fe obstinada de una persona que se ha tropezado mil veces y está dispuesta a seguir haciéndolo porque nada vale sin la conexión con otros, en ideas, tacto, visiones, besos.
Puedo admirar y fascinarme con la mitología, la magia, lo simbólico.
Creo que lo que veo es lo suficientemente sublime para no tener que remitirme a lo que no. Creo en la magia de lo invisible, de un aroma, un pensamiento, en el poder de la convicción, en lo sanador de la comida que me preparan mis amigas. Creo en la fe de mi mamá cuando me da la bendición. Llevo conmigo las medallitas de San Benito que me regaló. Creo en ella más que en la medallita. Creo en su fe. Creo en su magia.
Creo, realmente lo hago… pero no. Es decir, creo y no creo.
Muy géminis de mi parte.