Una flor en la maleza.
Al lado de mi casa hay un lote abandonado que me gusta inspeccionar. Un gatico amarillo se da sus paseos por ahí y a veces baja hacia donde hay un árbol verde grandote que aloja muchos pájaros. En realidad, la mayor parte de ese espacio es un rastrojero feo y con poca forma que cada tanto motilan y vuelve a crecer. No es tan interesante para la mayor parte de la gente de Tijuana, acostumbrada a ver espacios así… espacios de nadie.
Pero no sé… a mí me gustan.
Hace dos semanas estaba asomada en el patio que linda con el lote, y apareció una flor naranja. Calladita y medio escondida en los ramajes deformes de pasto seco, quemados por el sol. Quisiera decir que fue como uno de esos mensajes mágicos que se coordinan con el mood de la vida, pero han pasado varios días y me he visto en conversaciones constantes conmigo misma, obligándome a buscar la poesía y escarbando esa luz que vaticinaba la flor… no he podido. Me choca.
¿En dónde ha quedado el optimismo, esa cursilería que mis más cercanos me reclaman y no logro recuperar?
Encuentro consuelo en la figura de Oscar, personaje principal de la película Un Poeta. Un hombre sumido en el fracaso y la incomprensión, y a la vez, en la obstinación por darle sentido a su vida a través de la poesía que lleva años siéndole esquiva. Decía:
“Heme aquí, un hombre
Anticuado dinosaurio
Portador de agravios
Merecedor de condenas
Frágil soñador.
Más no pierdan su fe
En este poeta triste
Que está intentando escribir
Un poema feliz”
Yo, a diferencia de mi amigo el poeta, me armo de paciencia y me alejo de la frustración, me siento en un andén a ver los carros pasar, quemo unos buenos minutos y regreso a la terracita desde donde vi la flor naranja hace ya dos semanas. Ahí sigue. Parece más café y medio deshojada, pero ahí está. Decido dejar de obligarme y atravesar estos días raros que ni fu ni fa. A lo mejor en otro momento logro ver con nuevos ojos esa flor que, aún cuando no tuve la capacidad de creer en su magia, siguió creciendo sin mi aprobación.
O bueno… si esta se marchita, otra distinta ha de nacer.